El Parto como Experiencia Trascendente y Empoderadora

 

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Arte: Margarita Sikorskaia

Llevo tiempo intentando hilar mis sentires con respecto a un proceso tan trascendente en la vida de un ser humano como es su nacimiento, cómo lo vivimos las mujeres y aportar mi visión en el acompañamiento del cambio de identidad que es la maternidad.

Las mujeres embarazadas velamos para que se geste nuestro bebé de la manera más saludable posible y a la vez darle lo mejor (emocional, física y energéticamente), a veces perdiendo nuestra propia identidad por el camino. Y es que la situación que vive actualmente la maternidad en España es bastante desesperanzadora para algunas (las que dan a luz en hospitles poco respetuosos) y esperanzadora para otras (las que consiguen dar a luz como desean en el hospital o en su propia casa).

Pero no, no quiero hablar de la maternidad como hecho social que se aleja de la experiencia vital. Quiero hablar de lo que sentimos las mujeres, de cómo uno de los hechos más trascendentes para una mujer que se transforma en madre puede convertirse en un trauma o en una experiencia extática y empoderadora.

Quiero hablar del parto como rito iniciático.

Hay algo claro, en nuestra cultura tenemos un mandato integrado en el inconsciente: “parirás con dolor”, y si no lo has integrado a través de las palabras bíblicas, seguramente durante tu vida y, especialmente en el embarazo, se encargarán las mujeres de tu entorno de aleccionarte sobre el dolor. Puedes leer lo que escribí sobre el dolor en este artículo: Abrazando el dolor.

 

Lo que se observa en las mujeres dando a luz es una vulnerabilidad mal concebida como debilidad. La vulnerabilidad te hace fuerte, te inyecta poder porque te permite empatizar, asistir y atender a las necesidades de un ser realmente vulnerable, un mamífero inmaduro como es un bebé humano, y para ello tienes que estar “tiernita”. El poder que tiene la ternura, el amor, en la conservación de la vida es realmente maravilloso y, desde luego, una estrategia evolutiva para la supervivencia de la especie. Por eso, y por muchas más razones, la oxitocina que es la hormona encargada del comportamiento maternal, la sexualidad, el parto y el establecimiento del vínculo se le llama “hormona del Amor”.

Arte: Amanda Greavette

Quería explicar esto porque es importante colocar las cosas en su sitio: una mujer que da a luz está en un momento óptimo de su salud.

Siento profundo que todos los controles prenatales que nos tenemos que hacer durante los nueve meses, donde las entradas y salidas del hospital, encuentros diferentes con diferentes personas y muchas espectativas en búsqueda de que “todo vaya bien”, inducen a una mujer a sentirse casi enferma. No sólo entras y sales del hospital con asiduidad si no que psíquicamente hay un constante cuestionamiento de la salud del bebé, algo que a la madre  le va retirando paulatinamente el poder y la confianza que tiene sobre su proceso y sobre su cuerpo en pro de los que “más saben sobre eso”, los profesionales sanitarios. Realmente siento que los controles prenatales son necesarios y pueden ser saludables si una mujer no se siente ninguneada o siente que la tratan como un número en este sistema sanitario.

 

Una mujer embarazada no tiene que perder su poder de decisión, pero lo pierde.

Una mujer embarazada no tiene que perder su confianza en su cuerpo, pero la pierde.

Una mujer embarazada no debe perder el protagonismo de su proceso, pero lo pierde.

En un proceso que es absolutamente instintivo donde casi no hay lugar para la razón, una mujer a veces se pasa todo el embarazo y el parto pensando, leyendo, construyendo, haciendo un plan de parto, buscando sus derechos, etc. Todo para dar la mejor bienvenida a su bebé. En vez de estar conectando con sus institntos, su cuerpo, su sentir y demás sabiduría intuitiva e irracional, nos centramos en datos administrativos y logísticos: llegar a tiempo a dos consultas en el mismo día (eco y gine), gestionar la compatibilidad de tu trabajo con las consultas, las bajas… Casi pasamos así los nueve meses, entre pruebas y resultados, y si encima tienes más hijos, tu cuerpo pasa a un cuarto o quinto plano.

No hace mucho las mujeres sabían escucharse a sí mismas y eran respetadas en las decisiones que concernían a sus cuerpos y a sus criaturas. Hoy en día una mujer que no quiere acatar las órdenes de un sistema médico incongruente es atacada, insultada o infantilizada (he vivido hasta chantajes emocionales diciendo que al bebé le podría pasar lo que sea si ella no hacía “algo”). En fín, estructuras viejas de pensamiento que no buscan más que reconducir los instintos y arrebatar el poder que una mujer tiene, lo que viene siendo conductismo. Agradecida, también vivo cambios en esa estructura y cada vez se respeta más las necesidades de las mujeres, poco a poco.

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Arte: Amanda Greavette

Si en vez de eso encontraras confianza, sostén y apoyo en el lugar donde vas a dar a luz tu cuerpo se iría haciendo grande, te sentirías gigante para afrontar algo así.

Si ves a una mujer pariendo te das cuenta del milagro que se produce en nosotras, en nuestro cuerpo, cuando nos sumergimos en profundidad en el proceso estamos irreconocibles. Somos leonas, salvajes, fuertes, mamíferas, cósmicas, amorosas, poderosas, somos Una con la Naturaleza, la Tierra y el Cosmos.

 

Ver a una mujer en ese estado de Poder no es normal, nos mueve internamente mucho. Cuando priorizas tu bienestar al de los demás, tu bienestar y tu salud que es la de tu bebé y realmente vuelcas tu mirada en ti, en tu sexualidad, en el conocimiento instintivo que hay en tu cuerpo, en la sabiduría ancestral que te han legado, y también, en tu naturaleza salvaje y mamífera… nadie te puede parar. Sigue tu institnto y exige al personal sanitario, familiares y amigos que respeten tus necesidades.

Estás en pleno uso de tus facultades, todas las que tienes.

Es tan grande ver cómo la vida te atraviesa.

Es tan maravilloso sentir cómo tu cuerpo se abre, cede y flexibiliza para que la vida irrumpa.

Es tan hermoso ver la fuerza sobrenatural que poseemos para estar horas transitando un dolor inconcebible.

No hay palabras para describir la potencia y la magnitud de un proceso que puede colocar inconscientemente tu autoestima para toda la vida. De ahí la importancia que tiene, de ahí lo trascendente que es. Si una mujer se sabe con la capacidad de traer la vida a este mundo se sentirá capaz de lo que sea, incluso de enterrarla con sus propias manos. Si una mujer se sabe capaz de eso, cualquier obstáculo o cualquier conflicto, se siente con resistencia y fortaleza para transitarlo. Si una mujer se sabe capaz de eso esa información se va a almacenar en su cuerpo y va a estar presente siempre.

Es urgente traer de nuevo el concepto de Trascendencia a nuestra vida cotidiana:

“El sentido más inmediato y elemental de la voz “trascendencia” se refiere a una metáfora espacial. Trascender (de trans, más allá, y scando, escalar) significa pasar de un ámbito a otro, atravesando el límite que los separa. Desde un punto de vista filosófico, el concepto de trascendencia incluye además la idea de superación. En la tradición filosófica occidental, la trascendencia supone un «más allá» del punto de referencia. Trascender significa la acción de «sobresalir», de pasar de «dentro» a «fuera» de un determinado ámbito, superando su limitación o clausura.”

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Arte: Amanda Greavette

La confianza, el placer y el éxtasis son también vehículos para la trascendencia, entendida ésta como esa sabiduría interna a la que sólo accedemos en momentos vitales donde la razón se queda pequeña, pues vamos a un lugar más allá. Una voz interna que te dice: “por aquí”. Es ahí a donde quiero llegar, a la verdadera esencia de la sabiduría de la mujer, en la cultura popular dicen que tenemos un sexto sentido, y así es.

El embarazo, parto y lactancia forman parte de la sexualidad de la mujer. Si, has leído bien, es sexual. Es sexual porque las hormonas que intervienen en estos procesos son las mismas que en la sexualidad que ya conoces. De hecho la parte del cerebro que se encarga de la actividad sexual (y de todos los sentidos menos la visión) es el hipotálamo, el capitán general del parto. Esta parte primaria del cerebro es la que rige los instintos reproductivos, nuestra parte más mamífera y ancestral, la que nos da acceso a ese tipo de sabiduría “más allá”. Te invito a leer, si te interesa el tema, un libro del obstetra francés Michel Odent llamado “Las funciones de los orgasmos. La vía rápida hacia la trascendencia.” No te dejará indiferente.

Y que cada cuál haga uso de sus creencias, cosmovisiones y fe de cualquier índole. Si crees en la ciencia, hazlo. Si crees en dios, hazlo. Si crees en tu espíritu salvaje, hazlo. Porque la fe también es importante, la confianza de que tu cuerpo es perfecto y si sabe gestar un bebé perfecto es porque hay una manera perfecta de sacarlo. El proceso del parto es una orquesta perfectamente sincronizada desde hace millones de años. He dicho perfecto muchas veces, sí, quería que quedara claro.

Se ha demostrado que en un ambiente seguro una mujer da a luz mejor, así que si te sientes mejor en el hospital ves allí a dar a luz y si te sientes mejor en tu casa puedes preparar un parto en casa, pero no pierdas de vista lo trascendente, lo que no vemos, lo que va más allá. Porque cuando una entra en coherencia con todas las partes de su ser todas las puertas se abren. Algo tan importante como el nacimiento de tu bebé, puede ser una gran experiencia mística que te abra percepciones dormidas, permítetelo.

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El milagro de la vida se seguirá produciendo, estemos o no en esta hermosa Tierra hay una fuerza que no depende de nuestro control. Y a ella dejamos la vida, y la muerte, en sus manos.

Que todos los seres sean recibidos y despedidos con Amor, Paz, Gratitud y Alegría.

Escucha tu sentir, tu deseo, tu necesidad más primaria.

Deja que brote con espontaneidad y alegría, es una parte preciosa de ti.

Aprende a mirar dentro de tu cuerpo de mujer.

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Terapia de Sonido Femenina

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