Abrazando el dolor

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Imagen: Johnny Palacios

Tomo conciencia y veo desde este lado una sutil y difusa intención en muchas expresiones sobre el dolor. Siento en las entrañas que las manifestaciones de vivencias particulares sobre el dolor condicionan mucho y por ello, aún sabiéndolas legítimas, me gustaría exponer lo que pienso y siento en mi corazón sobre el concepto subjetivo de dolor.

Siento profundo agradecimiento desde hace unos años al dolor que he vivido durante toda mi vida. Me doy cuenta de lo fácil que es decirlo y lo díficil que es sentirlo en el corazón. El dolor físico ha sido mi gran maestro, cómo no agradecerle si me trajo hasta aquí!  Estoy absolutamente segura que el dolor nos enseña tanto tanto que no podríamos avanzar en este camino sin él. Atreverme a decir que el dolor es necesario me cuesta pero lo digo desde el lugar que me ha dado arrodillarme cien veces delante de él y que ahora lo vivo sin identificación ni sufrimiento.

El dolor siempre es duro. El dolor que una va descubriendo a medida que saca capas y capas viejas que como alfombras pesadas han ido cubriendo dolores de distinta índole… ese dolor siempre es feo, oscuro, casi paralizante. Este dolor ligado al autoconocimiento es inherente a él pero lo que me ayuda a no sufrir es ser consciente del lugar en el que ahora estoy mientras lo atravieso, quién soy ahora? la misma que vivió ese dolor? tengo recursos para atravesarlo? Me siento absolutamente convencida de si la vida nos trae un dolor en un momento determinado (o lo destapamos aquí y ahora) es porque nuestra conciencia está preparada para asumir el cambio y, por tanto, tenemos recursos para respirarlo, acariciarlo, acogerlo, abrazarlo… y ver pasar la tormenta.

Creo que el dolor es inherente a la naturaleza humana, el dolor físico, fisiológico, por supuesto. El dolor del alma, el dolor emocional, el dolor oculto que se expresa en el cuerpo… Es muy humano, está estrechamente relacionado con el instinto de supervivencia y la conciencia de la muerte. Más allá de esto, incluso he sentido en mí un dolor transgeneracional y colectivo, que menos mal que nos explican algo sobre ello maestros del inconsciente como Jung. También siento con facilidad en las mujeres que trato cómo dolores muy concretos del alma se manifiestan en zonas específicas de nuestro cuerpo, así como movilizando y relajando esas zonas del cuerpo puede dar lugar a una expresión de dolor emocional que se grabó ahí en algún momento de nuestras vidas. Hay disciplinas que se han encargado de estudiarlo, y que ahora se le coloca la etiqueta de psicosomático cuando no se le encuentra origen físico.

Siento que el tipo de dolor que vivimos es realmente subjetivo. Por supuesto al o a la que le duele es lo más doloroso que le ha pasado y como esta persona lo vive no lo ha vivido nadie. Seguramente.  A mí me gustaría en este artículo trascender un poco toda la vivencia subjetiva del dolor e ir a preguntarte:

¿Te alivia pensar que te va a doler algo que te han dicho que duele?

¿Te duele menos si aceptas previamente que te va a doler?

¿Tienes miedo del dolor que te han dicho que va a causarte un proceso? Porque creo que ahí está la clave, siendo la percepción del dolor tan subjetiva y la vivencia de dolores concretos tan variopinta ¿Cómo podemos saber lo que nos dolerá algo?

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Para mí esto es excepcionalmente importante en la mujer. Las historias sobre el dolor del parto abundan, las historias del dolor de la regla ni te cuento. Las historias sobre el dolor y tensión premenstrual van empezando a ser protagonistas en la red. Sin embargo, sabiendo lo condicionante que son estas historias para la experiencia posterior de otras mujeres a mí me gustaría que tomáramos cierta responsabilidad en cómo lo contamos y desde dónde, porque a veces nuestras expresiones públicas sobre la vivencia de un dolor se ven magnificadas por el propio proceso, incluso magnificadas en búsqueda de algo de manera inconsciente (reconocimiento, afecto, atención… ) y, siento profundo la responsabilidad que tenemos cada una de no condicionar a una mujer en su experiencia corporal de un proceso tan trascendente como, por ejemplo, el parto. El dolor es muy subjetivo recuerda, cada una lo vive de una manera.

Desde mi punto de vista, atravesar procesos de dolor es algo realmente empoderador y trascendente siempre que podamos vivirlo con la atención puesta en observar el proceso pasajero que es y saber que somos mucho más que ese dolor. Es increíble cómo crece y sana la autoestima de las mujeres que consiguen parir por ellas mismas, al igual de aquellas que han pasado muchos años con dolores menstruales  y consiguen tener reglas placenteras respetando el tiempo de su proceso de sangrado.

Los mandatos de otras mujeres como: “el parto sí que duele!”, “es lo peor que he pasado en mi vida”, “cuando me venía la regla pensaba que me moría”… y tantos del tipo, pueden tener un efecto realmente condicionante pues producen miedo, miedo a sufrir.

El miedo produce tensión muscular y esta tensión a su vez dolor.

Los procesos dolorosos que conseguimos vivir desde la relajación, sin resistirnos, atreviéndonos a soltar todo tipo de expectativas (cuándo y cómo desaparecerá, comparaciones con vivencias de otras personas, recriminarnos por haber llegado hasta el extremo…). Si conseguimos ceder el control, abandonarnos a que nos lleve a donde nos tenga que llevar y podamos explorar nuestros propios límites desde la observación y la no identificación. Si podemos sentirnos acompañadas por alguien que nos ame y que actúe de faro para la inmersión en la sombra que estamos llevando a cabo… El proceso se convierte en realmente sanador.

Y si, incluso, podemos vivenciar desde la alegría el cambio que se gesta en nuestro cuerpo a medida que se transforma nuestro paradigma del dolor. Esto es realmente revolucionario! Porque se va quedando obsoleta la estructura psíquica de sufrir en cada cambio, vivimos más felices, más saludables y además podemos ayudar a que más personas lo sean!

Te pido que observes si puedes abrazar en la naturaleza un proceso doloroso. Pasea por la montaña o siéntate en la orilla de un río a sentir cómo el agua se lleva todo tu dolor. Su sonido te sana, la tierra todo lo acoge. En la naturaleza puedes observar cómo se desarrolla el ciclo eterno de vida-muerte-renacer, enfócate en él. Déjate llevar y suelta el control, confía en la capacidad autorregeneradora de tu cuerpo, en la sanación a través de dejar lo antiguo y renacer en otra visión…

Es realmente inspirador sentir el corazón de la Tierra acogiendo nuestro duelo, agradécele con respeto y alegría, ella siempre estuvo sosteniéndonos como Gran Madre en su regazo, nutriendo nuestra vida y consolándonos en nuestros procesos.

Cobíjate en ella y recuerda de dónde vienes

Aprende a mirar dentro de ti

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Imagen: Doris Mantair

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