Nuestra luna oscura, nuestra fase premenstrual

Tristan Elwell

Imagen: Tristan Elwell

 

Este proceso controvertido que vivimos las mujeres también a mi me mueve y hoy necesito expresar lo que dicen mis entrañas:

“Tres de cada cuatro mujeres en edad fértil sufre Síndrome Premenstrual” indica el artículo de Infosalus…

“El 60% de las pacientes con Síndrome Premenstrual responde al tratamiento” también encabeza un artículo de Salud y vida…

Grandes voces anuncian el nuevo preparado para las mujeres con “síndrome premenstrual” y yo al ver el cartel en la farmacia del barrio me quedo helada… Pensé por un momento en que debía estar prohibido anunciar un medicamento para un síndrome que no existe, sin embargo al instante me vino a la cabeza la hipertensión arterial, el TDAH o hiperactividad y más y más enfermedades que día a día se inventan las farmacéuticas.

Me llamó profundamente la atención la estrategia de marketing del compuesto en cuestión: aparecen una serie de mujeres sonrientes portando un cartel entre sus brazos que mostraban mensajes del tipo “no dormir bien”, “estar irritable”, “tener DOLOR de pechos”… Concluyendo: NO TIENES QUE “SENTIRTE MAL” LOS DÍAS ANTES DE LA REGLA. Uff, siento tan cercana la relación entre no disminuir nuestro ritmo de vida y el incremento de estos signos!! Además el compuesto en cuestión no es un medicamento, sino un complemento alimenticio hecho a base de un cóctel de vitaminas y minerales que ya teníamos que tener en la dieta. Mejor dejamos para otro día él porqué de nuestras carencias de Magnesio, vitaminas del grupo B y hormonas del placer como dopamina y betaendorfinas…

Porque no quiero escribir un post sobre el dolor de la regla. El dolor es un poderoso motor de cambio, de hecho es el mensajero que llama constantemente a la puerta para que abras y veas el contenido del mensaje y es por eso que vivir analgesiadas es vivir dormidas a un aspecto de la conciencia que nos pide atención.

¿Qué es el “Síndrome Premenstrual”? Según el lenguaje científico-médico el Síndrome es un conjunto de signos y síntomas, una unión de diferentes trastornos que pueden catalogarse como enfermedad. En mis formaciones hablo de un estudio italiano que analiza en profundidad cómo el lenguaje empleado en nuestra cultura relativo a los procesos del útero y ovarios nos afecta tanto, de modo que experimentaron con dos grupos de mujeres con Síndrome Premenstrual, (quiero recordar que la cultura no está fuera sino dentro de nosotras, nosotras perpetuamos la cultura y las ideas preconcebidas de nuestro útero y ovarios a través del lenguaje que es el creador de la realidad).

Pues bien, en este experimento uno de los grupos fueron informadas a diario y, en cada consulta que hablaban de sus “síntomas, les hacían creer que eran signos completamente normales de la fase del ciclo menstrual en la que se encontraban y que por supuesto pertenecían a su fisiología. En el otro grupo se les fue condicionando y medicalizando en cada una de las consultas sobre los signos que ellas identificaban como pertenecientes al “síndrome”: hinchazón, dolor de pechos, irritabilidad… Las conclusiones del estudio fueron más que interesantes: confirmó que el primer grupo de mujeres “normalizadas” e informadas sobre su fisiología habían conseguido reducir y hasta hacer desaparecer los síntomas que padecían al principio del estudio y, lamentablemente, el segundo grupo había visto incrementar hasta límites muy desagradables e incapacitantes (los llamados “cólicos de regla”) los síntomas con los que iniciaron el experimento.

Estas conclusiones dejan claro lo vulnerables que somos a los pensamientos y creencias del exterior, de la jerarquía sanitaria que nos trata como enfermas, pero también de la cultura (repito: perpetuamos con cada uno de nuestros actos), que constantemente nos invita a producir y a cumplir con todas nuestras demandas del exterior y por supuesto, a desoír nuestras demandas y necesidades internas… Hasta tal punto influye que logra cambiar nuestras concentraciones hormonales, nuestra bioquímica y, claro, la experiencia y percepción que tenemos de ello…

Pero la realidad, es que en la fase premenstrual todas nuestras energías se dirigen hacia el interior y comienzan a aflorar informaciones desde lo irracional, desde el cuerpo, desde los sueños… Se manifiestan anhelos que desoímos, necesidades y emociones reprimidas, y está claro que si continuamos al ritmo intrépido demandante de este aquí y ahora no podremos parar a escuchar qué nos está tratando de decir!!

Nos cuesta mucho cuidarnos traspasando la barrera de la imagen, quiero decir, no nos invitan a cuidar desde el interior. A lo mejor “no poder dormir bien” es “estar más despierta”, a lo mejor “estar irritable” es “estar conectadas con lo que de verdad nos importa” y quizás “tener dolor de pechos” es “necesidad de nutrirse”… Pero lo que sí es seguro es que la fase premenstrual no es sentirse mal los días previos de la regla sino más bien la necesidad de nuestro organismo de parar en medio de este caos de actividad frenética, de dedicarnos tiempo necesario al diálogo interior, a cultivar nuestra sabiduría interna y cocinarnos rico y sano según las nuevas necesidades nutricionales de estos días y a atender a visiones que traspasan la razón como forma de autogestionar nuestra salud emocional y psíquica.

Siento fuerte en estos días premenstruales que las mujeres mucho tenemos que limpiar en la historia y mucho tenemos que sanar de las heridas de la humanidad. Sin embargo, con un manto de amor, cuido, dedicación y hasta devoción a nosotras mismas pueden sanar  nuestras ancestras y nuestras hijas a la vez, porque ya no necesitamos el dominio ni la violencia como forma de ostentación del poder, ya no es necesario ni el silencio ni ocultar nuestros dones… Es hora de mostrar nuestra luna, nuestra fase luminosa y también la oscura, es hora de construir espacios donde la belleza, el compromiso con la salud y el amor sean la guía de nuestro camino. Es hora de unirnos en tribu y sostener a nuestras hermanas y hermanos que padecen…

Porque un mundo nuevo está naciendo, un mundo lleno de mujeres y hombres sin miedo, despiertos al amor y al cambio. Es hora de mostrar, mirar, observar, contemplar y percibir. Nuestra visión va despertando a un ritmo sublime…

Hoy me comprometo con mi visión y mi intuición, con esa vocecita interna que me guía a pesar de todos los estímulos que me distraen.

Hoy decido ser mujer, conocerme desde mis entrañas al corazón, desde el corazón al exterior.

Hoy decido iluminar iluminando, decido comprender compreniéndome, decido amar amándome… Con mis luces y mis sombras…

Hoy decido ser en esencia lo que he venido a mostrar.

Aprende a mirar dentro de ti

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